
Sintiendo aquel dolor inmenso dentro de mi, decidí irme lejos de mi hogar.
Me encontraba sola, era de aquellas doncellas solitarias en la ciudad, de las que se encontraban indefensas pidiendo limosna para pedir posada en algún lugar, o en ocasiones, para comer.
Pero… al encontrarme sola en el mundo, se acerco aquel enmascarado de pelo perfecto, dándome la ayuda que necesitaba. Casi nunca lo veía, era muy extraño.
Jamás llegue a ver su rostro, pero estoy segura de que algún día lo hare.


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